EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

viernes, 14 de abril de 2017

NES BUDANO




Siempre he pensado en la relación de mi cuerpo con mi producción artística. Soy escultor en metal y esto requiere de esfuerzo físico y de estar activo todo el día. Ese baile con la materia hace que uno deje muchas clases de energía en el proceso. 

Siendo esto un poco más que obvio, prefiero concentrarme en otra relación física con la obra. Podría comenzar contando que siempre mis dolores del alma se trasmitieron intrínsecamente a mi cuerpo, o sea el dolor del alma lo siento inevitablemente en mi cuerpo. 


Hablando de mi obra específicamente, mi obra más poética, en la que sangro, es totalmente autorreferencial; elijo un fotograma dentro de una narración, de una historia y la transmuto a la tridimensión.  Por eso en momento de crear transito por las calles de las ansiedades, de las nostalgias o simplemente del dolor, pero siempre con algo de ironía, con esa ironía del que sabe que perdió una mano en el póker pero que estuvo bien jugada y se ríe de su propia desgracia. Y allí es donde, como un rayo que golpea un árbol en medio de una solitaria pradera, por un instante de esos interminables en los que el tiempo pareciera congelarse, quedo en un silencio contemplativo, un poco pasmado, un poco abrumado pero contemplándome en ese fotograma tridimensional de metal, ese otro cuerpo.

Mi obra se divide  en dos ramas y una derivación de ellas, que podría ser una tercera. Esta tercera, está constituída por obras públicas institucionales, a través de las que desarrollo temas ajenos a mí. Las otras dos son: Hierros Directos y Bichos.

A través de Los Bichos hago una crítica a la era en la que vivimos; y que llamo Post-Industrialismo, en el que el sujeto humano, deja de ser el centro de las cosas para ser una tangente oprimida, exprimida y descartada por un sistema de intangibles. Esto genera en todos nosotros una sensación de soledad, de abandono, de vacío y de sinsentidos, de haber sido descartados como una maquinaria industrial en perfecto estado que fue tirada al basurero sólo porque los objetos que produce ya no son esenciales  para este sistema.  Los Bichos nacen del comic, del arte gráfico o de una caricatura; Ciertos detalles desaparecen y se vuelven sólo formas redondeadas y  otros, altamente iconográficos, son resaltados para darle el carácter de la especie que representan. Están realizados en chapa batida y rezagos industriales como tornillos, piezas premoldeadas de hierros, etc. Son una fauna que bien podría haber nacido de la chatarra de una fábrica abandonada. Tienen en su piel la pátina del tiempo y en sus ojos la nostalgia del abandono.

En los Hierros Directos es donde más sangro y vuelco mi poesía personal, son obras autorreferenciales y cuentan la historia de mi vida. Son un fotograma en medio de una larga historia, el fotograma cúspide de la narración, el que poéticamente considero más importante, o más doloroso, o más irónico de dicha historia. En cuanto a la técnica para ser breve, puedo decir que la mayor parte de los volúmenes están generados mediante la unión de hierros redondos lisos de 4 mm, que son soldados mediante soldadura eléctrica y después prácticamente tallados y pulidos hasta conseguir su piel, la cual tiene una impronta de huecos y perforaciones que completan la poesía y el dramatismo de estos personajes. A esto llamo Hierro Directo. Todos ellos son yo.  Y todos son sometidos a una serie de situaciones o circunstancias específicas, acompañados de objetos o ausencias que juegan en la liturgia del momento. Vuelco sobre ellos todo mi oficio y muchísimo trabajo obsesivo hasta en el último de los detalles, estirando el límite del material, negociando y danzando con él hasta que se vuelve plástico.

Se une a los Hierros Directos una incursión por el Bronce como camino; Haciendo una serie limitada de copias de alguna obra en hierro y mandándolos a fundir al bronce y otros modelando la cera antes que ésta sea perdida en el bronce.


En el pasaje por la cera, el lenguaje, la estética, la imagen, la poesía, son iguales al de Los Hierros, pero la técnica me obliga a tocar otro ritmo, pausado, respirado. El material responde similar al hierro, pero con una suavidad y una fragilidad increíbles, pero tanto en Los Hierros como en la cera, la forma en la que yo la trabajo, soldar es soldar, doblar es doblar, pulir es pulir, pero focalizando las energías de maneras muy diferentes.

Esta serie de obras absorbe todo el rojo de mi sangre, todo el fuego de mi ser,  toda mi pasión, mi pathos, mi energía, mi respiración y yo se la entrego despojado, porque al fin de cuentas no soy nadie para negarle nada a mi Obra.

En cuanto a lo físico, en ese momento específico mi respiración se entrecorta, mi corazón se acelera, mis ojos quedan perdidos mirando la nada misma y ahí un dolor punzante traspasa por el centro de mi esternón. 

Luego, bueno, luego le llega el momento a la materialización, la negociación con el metal y el diálogo privado y cómplice hasta conseguir la unión que busco. Entonces, en un cierto momento decido darle la espalda, camino un par de pasos y volteo bruscamente para verla como si fuera la primera vez; y si en ese instante de contemplación absoluta siento una daga oxidada atravesar mi pecho y a la vez una sonrisa cómplice e involuntaria asoma en mi rostro, significa el tiempo de darla por finalizada. La obra ha nacido y no me pertenece más; ahora es ella sola con el mundo. 



Y yo… bueno yo he de seguir mi cansado camino al encuentro inevitable con otro momento creador de ojos perdidos y fotogramas de metal, en tanto y en cuanto la vida misma transcurre y se discurre entre mis manos…




Nes Budano

Estudié cinco años la Licenciatura en Escultura en la UNC, sin recibirme.  A partir de ahí, comencé un recorrido de diez años más, bastante solitario en mi taller, en el cual hice hincapié en un encuentro personal, introspectivo tanto a nivel de lo que buscaba decir con mi obra, como la imagen con la que quería expresarme y un profundo trabajo en el estudio del oficio que requiere el manejo de las distintas técnicas para lograrlo.
Soy un fiel creyente en estos tiempos que corren, en que mi obra y el arte deben ir cargados de procesos largos, interiores y exteriores, intelectuales y físicos, en pos del desarrollo de un gran oficio, que nos permita expresar sin problemas una pesada carga poética en el mensaje de nuestra obra. Dicho de otra forma sangrar sobre nuestra obra, pero de una manera adecuada en el uso de la técnica y la imagen, para que el mensaje sea bien entregado y ella sea una obra madura.

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