EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

sábado, 8 de abril de 2017

MARTA BRAIER




Desde pequeña encontré en el arte, contención y respuesta a la incertidumbre de lo vital.

He escrito a partir de esculturas, películas, pinturas e instalaciones que me subyugaron y durante los 10 años que me llevó la escritura de El río secreto, estuve poseída por la  voz de la casa en la que pasé mi infancia y adolescencia, en Tucumán: la casa de la avenida Mitre. Cuando se vendió, se dejó oír  y fue génesis de  esa memoria poética. Parecía que me dictaba pidiéndome testimonio. Y  yo “dancé” con esa música, esa oralidad provinciana , en un largo proceso de creación.


El vuelo, Constantín Brancusi
       
En una muestra escultórica en Barcelona, al pie del  MontJuic,  descubrí  un Brancusi.  Una cabeza de mujer en reposo: forma oval  en perfecta armonía. Algo abrió mis sentidos en ese instante sublime de la contemplación, y quedó resonando. Investigué la obra de este escultor rumano hasta que llegué a la serie Pájaro en el Espacio. En su etapa final, la pieza es una elipse de bronce que  hiende el aire. Conclusión de un trabajo  que le llevó casi 20 años hasta llegar a la  abstracción. La búsqueda de Brancusi la hice mía. Su anhelo de recuperar la beatitud olvidada de una existencia libre de condicionamientos, el trabajo empecinado alrededor del tema del impulso del vuelo, me rondó durante mucho tiempo y germinó en mi nouvelle:  El río secreto .
       
Años atrás, fue una instalación de un artista veneciano Fabrizio Plessi , el disparador  de un poema, Nana para tía Elvira. El contraste entre una estructura de hierro que sostiene una hilera de televisores sobre el piso, con imágenes del mar;  y pilas de ropa blanca, quizás  sábanas antiguas, a un costado de cada uno de ellos, disparó la instancia escritural: ropa blanca en mis sueños (trapos) /lejos de tía Elvira/ que planchaba camisas/con la puerta entreabierta/en la dulce penumbra del atardecer...//… Ella…/que nada sabía/del ruido de mástiles/ balanceándose al viento/en la dulce penumbra del atardecer /¿qué sabía?...



El hombre que camina, Alberto Giacometti
      
La escultura, El hombre que camina, de Alberto Giacometti,  me conmovió desde el primer momento que la vi y la elegí como imagen de tapa de mi poemario: Esta es la tierra, corazón. Esa figura alargada y frágil,  con expresión feroz en el rostro, el cuerpo fuera de eje, adelantado, me reveló verdades sobre la inorgánica soledad del hombre contemporáneo, en su marcha obstinada y mecánica.
    
“El tigre salta, el escritor escribe”-dice la frase de Héctor Yánnover. Cuando escribo me siento separada del cuerpo y puedo pasarme horas y horas en ese “éxtasis “ que me deja privada de mí. Nada sé en ese momento de mi cuerpo: me olvido de él y soy música en el aire. Al “regreso”, el dolor en las pantorrillas, da cuenta de esa  enajenación.
       
Las tensiones acumuladas desde jovencita,  por tantos años de dedicación al trabajo literario - la necesidad creativa como  imperativo abrumador  y apasionante- me llevaron a buscar alivio en la Biodanza.  Y lo encontré .
       
A propósito de esto, vienen a mi memoria, otra vez, imágenes de esculturas. La referencia es un libro de Santiago Kovadloff, Lo irremediable . La relación que establece el autor entre la actitud corporal del Moisés de Miguel Ángel (estoico en su postura, erguido y rígido) y el Moisés de Praga, del escultor Frantisec Bílek, (inclinado, dolido, es decir,  mostrando sus sentimientos),  me remite a mi propia historia corporal. Durante mucho tiempo tuve dolores en el cuerpo. Con la Biodanza logré, al expresarme, distensión y equilibrio entre el pensar, el sentir y el hacer. Desde esa experiencia pude escribir mi último libro, con  soltura y audacia.   
Por esta disciplina, recupero  la alegría del movimiento, descanso de la Palabra y entro  en la danza, la música, el lenguaje de los gestos, la mirada, la sagrada presencia del Otro:  el éxtasis  en el bienestar del cuerpo integrado. Una emoción tan intensa como la que produce la escritura o la lectura de un Poema. El vértigo se detiene , hay una potenciación del instante en esa Vivencia que se alcanza. Milagro del tiempo “esculpido”, según Tarkovski. La vida toda ahí, con su claroscuro y luminosidad. 

Me doy cuenta de que ser vulnerable, extremadamente sensible (vos sos muy emotiva, muy emotiva, me decía mi padre en tono admonitorio), no es una falencia sino una virtud y que esa vulnerabilidad es un triunfo de lo humano profundo. Soy mis zonas dejadas en blanco, dice la poeta Concepción Bertone . Y allí voy en cuerpo, alma y Poesía, cumpliendo un destino.




Poemas

(Fragmentos de “El río secreto)


El agua empujó toda la noche    yo la llamaba     después

entendí que era inútil nombrarla: ella se llamaba a sí misma



todo esto pensaba cuando observé que el río detrás de los ojos

empezaba a secarse



ahora no puedo bajar los párpados



qué es esto de estar vigilante todo el tiempo      ayer  vinieron

sonidos  apacibles y me dormí



este  lugar no lo voy a deja nunca



(el río secreto)

***


 Es la llegada de los panaderos del aire


la abuela dice que hay que pedir un deseo y soplar fuerte

para que el deseo se cumpla



ella pide    ahí va


(el deseo)


***

Deriva de la luz    el aire en el agua del balde

quedarse ahí    jugar con el espejito y no pensar



***

No sé si lo dije      esta es una historia que debería estar fuera del

mundo

no pájaro de suaves alas



cuervo sobrevolando el ancho espacio del “comedor de lujo”



las cortinas de voile moviéndose al viento en escenario imperial

bizarro

     triste


***

 La maestra pronunció la palabra destino esa mañana en la escuela

y ella pensó en su familia

y en el desorden de las baratijas del bazar


se quedó pensando en esa palabra     le gustan las palabras

cuando sea grande va a escribir


las palabras son como personas: laten


(El destino ¿viene con una?)


***

El techo del comedor de lujo gotea

Antonia ha puesto un balde y el padre ha subido a la terraza para

encontrar el origen


qué origen    no hay origen     hay un agua que corre y no cesa


las gotas son cada vez más anchas y la casa hace música de

goterones

el balde en el centro como un dios indiferente


(con música de Cage)





Marta Braier


Nací  a la poesía de cara al Aconquija, en San Miguel de Tucumán. La belleza de la montaña produjo el primer  deslumbramiento. Me recibí de Profesora en Letras en rebeldía a la rotunda desaprobación paterna: Te vas a morir de hambre con esa carrera. De la lectura de Edipo Rey en griego clásico, recuerdo la hora del día, las paredes del aula universitaria  y hasta la luz  que entraba por la ventana. Una beca a Salónica (Grecia), me permitió descubrir a dos poetas griegos contemporáneos, como Yorgos Seferis  y  Odysseas Elytis, leídos  en su lengua original: el griego moderno. Esa experiencia me marcó. Después la vida  me trajo a Buenos Aires, ciudad en la que resido. Escribí  y leí poesía desde jovencita; pero tardé en publicar porque- mientras criaba a mis dos  hijos- me dediqué  de lleno y con profunda vocación a la docencia privada y estatal. Coordiné Taller Literario durante  13 años en la Biblioteca Nacional (hasta 2015) y sigo haciéndolo privadamente hasta ahora.  La experiencia con jóvenes, latinoamericanos y argentinos, fue enriquecedora. Publiqué los poemarios Gestos de Minué, Editorial Tierra Firme, 1999; Ésta es la tierra corazón, ditorial Ültio Reino, 2005. Recientemente la editorial El jardín de las delicias editó la nouvelle poética El río secreto, galardonada  con el Premio Único a Poesía Inédita de la Ciudad de Buenos Aires, bienio 2010/11. Hace 10 años estudié y me recibí de Facilitadora de  Biodanza en San Antonio de Areco.  El cuerpo me pedía descargar el stress de tantas horas dedicadas a la literatura, al trabajo mental y emocional intenso; demasiadas horas frente a la computadora. Durante un tiempo posibilité el desarrollo de la creatividad literaria a través de talleres de Movimiento  y Poesía. En ellos trabajé el desarrollo del pensamiento sensible, la emoción que trasciende y se canaliza en la palabra poética; el descubrimiento de núcleos temáticos u obsesiones  que  conforman el río subterráneo del creador y, escencialmente, la integración cuerpo-mente, el bienestar del cuerpo en armonía, amalgamado con el sentir, con la afectividad.

mbraier19@gmail.com

mbraier@arnet.com.ar

En Facebook, Marta Braier

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